jueves, 18 de abril de 2013

Acciones positivas

A menudo no nos damos cuenta de que aún nuestra sociedad no ha conseguido que hombres y mujeres tengamos las mismas posibilidades reales, que no legales, para todo.

El haber alcanzado la igualdad legal da una sensación de que ya todo se ha conseguido y de que promover acciones que permitan a las mujeres salvar esa brecha, que aún nos separa de los varones, es una discriminación de los mismos que, incluso, vulnera el artículo 14 de nuestra Constitución.

Esto es solo una apariencia, pero, si tenemos una mirada crítica sobre la realidad, podremos ver que es necesario promover este tipo de acciones positivas.

El propio Tribunal Constitucional reconoce en varias sentencias a partir de 1987 que es necesario que los poderes públicos pongan en marcha acciones positivas para salvaguardar la brecha que en la mayoría de los aspectos aún existe entre varones y mujeres. Y esto es así porque los poderes públicos, las administraciones, tienen la obligación de arbitrar las medidas necesarias tendentes a conseguir que este artículo 14 sea efectivo, es decir, que su espíritu encuentre refrendo en la sociedad española.

Cuando hablamos de políticas de género o de acciones positivas, me gusta poner un ejemplo que considero muy ilustrativo. Si poseo dos plantas de la misma especie, una de 10 cm. de altura y otra de 50 cm. y tengo intención de que ambas alcancen el mismo tamaño, es imposible que lo consiga abonándolas y regándolas a ambas de igual manera, pues ambas seguirán creciendo al mismo ritmo y nunca acortaremos la diferencia de tamaño. Para conseguir disminuir esa diferencia, será necesario que la pequeña obtenga más agua y abono que la mayor hasta que ambas tengan la misma altura. Una vez que ambas sean iguales, proseguiremos con idénticos cuidados para las dos. Las acciones positivas son ese alimento que ofrecemos para que la mujer pueda alcanzar al varón. Por ello son necesarias.

Me parece interesante hacer esta reflexión porque en Málaga se ha montado un pequeño revuelo en algunos foros al organizarse una carrera exclusiva para mujeres.

Se argumentaba que era discriminatorio para los hombres el no permitirles participar y que si las mujeres no hacen más deporte es porque no quieren, porque tienen las mismas oportunidades que los varones para hacerlo.

Está claro que quienes dan este tipo de argumentos no se han formado en igualdad. Y la mayoría de la población no tiene conocimientos, porque no nos hemos ocupado de trasmitirlos, para ver estas actuaciones desde la perspectiva de género. Por ello, quería aprovechar este espacio para hacer una serie de reflexiones que nos ilustren en este aspecto.

Partimos de la base de que la práctica del ejercicio físico con regularidad es buena para todas las personas, nos ayuda a estar más sanas y a prevenir enfermedades. Este es un hecho contrastado y probado.

También es un hecho contastable, y está publicado en la última Encuesta Nacional de Salud, que las mujeres hacen mucho menos ejercicio físico que los varones, en concreto hay una diferencia de 17 puntos.

Y también podemos comprobar a través de los registros en las pruebas deportivas mixtas organizadas en la ciudad de Málaga que las mujeres representan en torno al 20% de quienes participan: solo un 20%, una de cada 5 personas.

Ante estos datos, lo primero es preguntarse por qué sucede esto.

Hay quien decía que las mujeres no hacen deporte porque no quieren.

Seguro que algunas mujeres no hacen deporte porque no quieren y que han llegado a esa idea libre y voluntariamente, como también habrá algunos hombres en esta situación. Pero, ¿realmente nos parece normal tanta diferencia? ¿Seguro que no hay nada que empuje a esta situación?

Cuando decimos que alguien toma una decisión voluntariamente no solo significa que nada ni nadie la haya coaccionado para que así sea, sino que también es necesario estudiar qué tipo de educación, de ideas, de valores se han transmitido a la persona. Quizá una persona toma una decisión errónea voluntariamente porque, en su momento, recibión información tergiversada o incorrecta que le hace errar en sus elecciones.

Aún no hemos respondido a la pregunta de por qué las mujeres no somos practicantes habituales de ejercicio físico.

Seguro que no es difícil para la mayoría, porque no hace tanto tiempo, recordar aquellas escuelas en las que las chicas no hacían deporte o hacían un deporte de bajo impacto, como la gimnasia sueca; mientras que los chicos hacían ejercicio con mayor asiduidad. El ejercicio físico no se consideraba apropiado para la mujer. Muchas de nosotras no hemos vivido esto en la escuela, pero algunas mayores que nosotras sí. Y estas mujeres siguen hoy vivas y han trasmitido ese pensamiento en sus familias, a sus hijas. ¿Cuántas veces no hemos oído decir en el pasado que las mujeres que hacen deporte son poco femeninas? ¿Cuántas, que el cuerpo de la mujer pierde la feminidad con el ejercicio? ¿O que debemos tener una vida reposada y, por supuesto, no hacer esfuerzos los días de la menstruación?

Pero vamos más allá. Preguntemos en la calle por referentes deportivos femeninos. ¿Cuántas mujeres grandes atletas conocemos? ¿Y cuántos hombres? Seguro que conocemos a muchísimos más deportistas varones que mujeres.

Es decir, durante siglos a las mujeres se nos ha enseñado que no es 'de mujeres' el hacer deporte y, además, nos faltan referentes en la sodiedad.

Estos dos hechos pesan como losas a la hora de que muchas mujeres se pongan en marcha: no tienen una mente, un pensamiento que las incline favorablemente a ello.

Y precisamente ahí es donde las administraciones tienen que jugar un papel importante de cambio de mentalidades, ofreciendo la posibilidad de que las mujeres, ahora sí, elijan entre varias opciones con libertad.

Lo realmente deseable sería que no fueran necesarias las acciones positivas, pero la realidad es que, hasta que no consigamos partir todos desde la misma línea de salida, serán inevitable.

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